Autor: Admin_Fernando

Razón y emoción batllistas

Por Julio María Sanguinetti (CORREO DE LOS VIERNES)

El Día del Patrimonio inauguramos en la Casa del Partido Colorado, en Montevideo, una pintura mural de 3 metros por 2, del artista Miguel Battegazore. El viejo patio de entrada pasó a ser otro, por el colorido de un cuadro que impacta, con la atracción de las tres figuras de Don Pepe, pintadas en diagonal ascendente, de izquierda a derecha, de abajo hacia arriba, como expresión de su primera presidencia, su segunda presidencia y su posteridad.

En el acto participaron el Ministro de Educación y Cultura Pablo Da Silveira y la Subsecretaria Ana Ribeiro, porque la calidad de la obra, que se incorporaba a una casa histórica como la nuestra, era un acontecimiento cultural, más allá de lo político. Para nosotros, sin embargo, colorados y batllistas, el cuadro emociona porque es una síntesis de nuestra colectividad en una inesperada visión artística. Y decimos inesperada porque es muy difícil imaginar que una obra de calidad estética pueda, al mismo tiempo, sin caer en un panfleto como pasó con la pintura soviética, expresar a la vez sentimiento e ideas. Lo que es aún más sorprendente en una obra con una estructura formal constructivista, con los lenguajes de Torres García, a los que recurre el autor tratando deliberadamente de no caer en una lectura simplemente historicista. Para nosotros es muy conmovedor el “ícono”, el gran ícono, de la figura de Don Pepe enfundado en su clásico sobretodo y, en su fondo, la obra monumental de los años que van de 1900 a 1930. Es la emoción de lo racional, de lo clásico, de lo equilibrado.

Una estructura constructivista permite, con formas geométricas, colores y letras, definir a Batlle y al tiempo histórico del que fue “creador”, como dijera Milton Vanger. El autor considera que lo fundamental es la conquista del equilibrio democrático en ese período, por eso es que para él resulta fundamental responder a un orden clásico, equilibrado. De ahí que establece en el centro un eje ordenador. En la parte superior aparecen los símbolos del escudo nacional, luego -hacia abajo- la definición temporal del período (1900 – 1930), el Palacio Legislativo, como expresión simbólica del edificio democrático, la segunda figura de Don Pepe, encima de la definición de sus períodos presidenciales. Y el pie se configura con los tres símbolos clásicos de Torres García: el pez (que es el actuar), el triángulo (que es el pensar) y el corazón (que es el sentir), pintados en los tres colores primarios, rojo, azul y amarillo.

A la izquierda de ese tronco central aparecen las letras representativas del siglo XIX; con referencia a los años de subversiones institucionales a las que se pone fin. Y a la derecha el siglo XX, “equilibrio, razón, naturaleza”. Lo de las letras es fundamental en la concepción estética del autor, que deliberadamente se aparta de letras tipográficas para emplear una escritura más primitiva, con la imperfección de la mano. La escritura está en el corazón mismo de la democracia, que es básicamente un diálogo.

En el amplio sector izquierdo del cuadro aparece el Batlle inicial: los símbolos gráficos del diario El Día, el Partido Colorado y la Quinta de Piedras Blancas, se acompañan con las letras que describen ese momento. Aparece el liderazgo colorado, el Molino de la Aguada de los Batlle, Caruso como fotógrafo (porque, así como Blanes estampó a Artigas para siempre, él lo hizo con su foto de Don Pepe). Al mismo tiempo, los principales avances de su vida, con el Estado como “árbitro de los conflictos sociales”, el “equilibrio de capital y trabajo” y sus principales realizaciones: el salario mínimo, las pensiones a la vejez, la jornada de 8 horas, la legislación laboral. También aparece la reestructuación del Estado, el “equilibrio público privado” y las empresas del Estado. Del mismo modo el equilibrio campo-ciudad con la “Facultad de Veterinaria” y el “uso intensivo de la tierra”.

Es el período de construcción y avance inicial. Luego, a la derecha del cuadro, se van ordenando otros aspectos, no solo de la vida del Batllismo sino del país que florece culturalmente: Carlos Vaz Ferreira, José Enrique Rodó, Eduardo Fabini, Pedro Figari (con referencia a su obra filosófica y a la abolición de la pena de muerte), Rafael Barradas, María Eugenia Vaz Ferreira, Delmira Agustini, Juana de Ibarbourou, Jules Supervielle, Petrona Viera, Jose Cúneo, Horacio Quiroga, Antonio Pena, Julio Vilamajó, Eduardo Acevedo Díaz (que aparece dos veces: en el inicio, cuando promovió a Batlle a la Presidencia, y luego como autor de la novela histórica), José Alonso y Trelles y, cerrando el espacio, abajo, la Torre del Estadio y el arquitecto Scasso. Delíberadamente elude a las figuras del liderazgo político y económico, salvo Domingo Arena (que es también escritor), para no transformar las letras en un relato sino en una expresión simbólica de una cultura y una nueva democracia.

No faltan, sin embargo, los adversarios intelectuales, que dialécticamente forjan su tiempo: Emilio Frugoni y Luis Alberto de Herrera, con referencia a su libro sobre la Revolución Francesa y “La Tierra Charrúa”.

Están presentes también las grandes causas, como los liceos departamentales, la Universidad Femenina, los grandes pasos feministas, la ley de divorcio, recordando incluso el seudónimo Laura con el que se firmaba Don Pepe. No falta la política internacional, donde aparecen desde el arbitraje internacional hasta el condominio de las aguas del Río de la Plata y el panamericanismo. Siempre están las letras y los signos. En el caso del “equilibrio internacional”, por ejemplo, aparecen el caballo del escudo, la libertad,y la fortaleza, la fuerza, o sea, la soberanía. Cuando refiere al tema femenino, el símbolo de mujer, cuando registra el orden estatal y la secularización, una columna griega.

Todo esto no es retórica. Quien observa el cuadro, disfruta de un notable manejo del color, la figura dominante de Don Pepe, en tres colores diferentes. Pero luego quien medita frente a la obra, se encuentra con el Uruguay notable del gran momento en que se configura el Estado moderno. Las propias imágenes de Batlle: la primera alude al ordenamiento del Estado luego de la paz; la segunda alude a una conciencia cívica, de ahí los escritores; la tercera ya es el imaginario poético y musical, otro plano de vida.

Hay varias lecturas, entonces, que van más allá, incluso de la que quiso ofrecer el autor. De ahí que para nosotros haya pasado a ser ya un ícono, ahora de nuestra casa. Está la emoción de sentirse parte de algo tan grande, tan importante.

En estos días de octubre, en que el 20 recordamos el fallecimiento de Don Pepe en 1929, nos encontramos con esta dimensión nueva de la emoción, algo distinto, desde un ángulo inesperado como es el arte; y de un arte muy geométrico, sin claroscuros dramáticos. No estamos recordando hoy la pérdida de Batlle, sino constatando su eternidad, su permanencia, su vigencia, en las instituciones y en los grandes ideales de la República.

 

Después del ruido

Por Julio María Sanguinetti (CORREO DE LOS VIERNES)

Terminado el ciclo electoral, acallados los ruidos, pasados esos primeros análisis superficiales que siempre aparecen, nuestro Partido arriba -como todos- a la hora del balance, de la mirada de conjunto sobre el escenario político nacional.

La primera gran lectura es que la batalla por la coalición que iniciamos en mayo de 2018 ha sido el cimiento de la construcción de esta alternativa de cambio que hoy se marca en el país.

Ella se logró luego de una larga prédica, pero aun así debemos entender que no fue sencillo obtener el concurso de toda la ciudadanía que en la primera vuelta había votado a los partidos de la coalición que, sumados, habían alcanzado un 54 % frente a un 40% del Frente Amplio. En la doble vuelta todo cambió y el candidato frentista, pese a su debilidad, creció hasta un 49% mientras que el nuestro, no obstante su notable campaña, apenas superó el 50% y terminamos con el Jesús en la boca.

Felizmente el gobierno ha arrancado con firmeza, la coalición funcionó para sacar la primera gran ley y trabaja en el Presupuesto con espíritu constructivo. El Presidente de la República, a su vez, ha afirmado su prestigio por su enfoque y decisión en la pandemia y disfruta hoy, además, de una popularidad relevante por su modo de moverse y comunicar.

El ciclo electoral acaba de terminar con la elección departamental y no se han producido, en esta última instancia, cambios dramáticos. El hecho, sin embargo, es que los candidatos frentistas, si bien perdieron tres Intendencias, alcanzaron un 44%, más que en la primera vuelta, lo que -luego de una derrota- no es una mala elección. Y un desafío constante para la coalición republicana.

El Partido Nacional se ha beneficiado de la popularidad personal del Presidente y ello le ha permitido ganar 15 Intendencias. ¿Son todos votos blancos? Sin duda que no. Es notorio que, sin el acuerdo con un grupo colorado, Rocha no la habría ganado el candidato blanco; del mismo modo, en Río Negro notorias figuras coloradas, a título individual, hicieron lo propio para llegar al mismo resultado. Tampoco puede ignorarse que Cabildo Abierto, prácticamente sin candidatos propios, acompañó en general a los blancos

Otro caso es el de Salto, que ya hemos comentado más de una vez. No se nos escuchó, no se nos respetó y así se cosechó un resultado negativo. Realmente una lástima, pero también una muy expresiva lección hacia el futuro. Ella nos está diciendo que es la hora de comenzar a construir un proyecto político y electoral de largo aliento, que respete cada individualidad partidaria y pueda así ofrecer necesarios matices de opinión.

Nuestro Partido, por su parte, corrió con todas las desventajas. Su principal figura política, candidato a la Presidencia, se retiró del escenario en plena campaña. El llamado “voto útil” funcionaba en nuestra contra en los departamentos donde el Partido Nacional era mayoritario o tenía opción, como ocurrió, entre otros, en los que hemos comentado. La diferencia de medios era ostensible en todo el país. Pese a todo, los candidatos colorados alcanzan en su conjunto un 11%, bien cercano al de la elección nacional, y así se obtienen 61 bancas de ediles, 4 más que en la municipal anterior. No es un gran éxito, pero tampoco es la tragedia que algunos periodistas frívolos y poco responsables pretenden instalar con relación a nuestra colectividad.

En todo caso, estamos de pie. Mucho mejor que en mayo de 2018, cuando visitamos a los líderes blancos para proponerles la coalición. Entonces no teníamos ni candidatos ni grupos organizados, al punto que personalmente tuvimos que involucrarnos nuevamente en la vida electoral del Partido, que no era por cierto nuestra idea. Hoy actúan tres grupos colorados que están organizados. “Batllistas” se siente el custodio de los valores esenciales del ADN partidario. “Ciudadanos”, que nació como renovador al impulso de la candidtura de Talvi, hoy sin ella -sin embargo- ratificó su presencia. Y la nueva “Tercera Vía” del Dr. Zubía muestra singular valor.

Además, estamos en el gobierno. Hay Ministros, Subsecretarios y jerarcas colorados en lugares claves del Estado. De allí saldrán, seguramente, a su tiempo, valores prestigiados, eventuales dirigentes a promover. Hoy no están los candidatos, pero está el Partido y están las agrupaciones. Sobre todo está el Partido y si todos los colorados tenemos la sabiduría de actuar con coherencia y amplitud de miras, auténtico sentimiento de unidad, más allá de las preferencias naturales, no tenemos la menor duda de que creceremos, proyectando hacia lo político la enorme responsabilidad que ha asumido en la administración.

Ahora, a gobernar, a proponer, a ayudar, a corregir, a protagonizar. A hablar y discutir. A levantar nuestras banderas de siempre, las que el mural espectacular de Miguel Bategazzore que inauguramos en la Casa del Partido resume y proyecta a través de una obra de arte superlativa. La convicción republicana, la laicidad, la modernización educativa, la seguridad social que promueva y no iguale hacia abajo, el feminismo, las empresas del Estado fortalecidas en la competencia, la política exterior inflexiblemente democrática, el equilibrio entre Estado y mercado, la visión universal de los valores sociales y de la voluntad de progreso. Ese es el Partido Colorado. Ni populismo ni elitismo. El que construyó esa gran clase media, que es base de la República, apoyando a quienes trabajan, en una atmósfera de libertad. La que nos ha inspirado siempre. Y que nos da un perfil identitario irremplazable.

 

Nuevo bipartidismo

Por Julio María Sanguinetti (CORREO DE LOS VIERNES)

La gran lectura que deja la elección departamental es la ratificación de que el Uruguay ha ido, paso a paso, a la configuración de un nuevo bipartidismo, formado por dos coaliciones. De un lado la ya tradicional coalición frentista y por otro, la nueva coalición multicolor, que ganó la elección nacional y se reiteró ahora, expresivamente, en los comicios del pasado domingo.

La coalición multicolor se expresó formalmente solo en Montevideo, donde no alcanzó para triunfar pero mostró brío y presencia, mejorando claramente lo que logró en la elección anterior la entonces llamada Concertación. En el resto, se produjo una corriente que potenció al Partido Nacional recogiendo, en muchos casos notoriamente, el aporte decisivo de ciudadanos de origen colorado o aun de algunos dirigentes que, más allá de la decisión partidaria de votar candidatos colorados, igualmente se volcaron a tratar de superar al Frente Amplio. Es el caso de Rocha y Río Negro, donde la exigua mayoría de los Intendentes blancos lo revela.

El Frente Amplio ratificó su mayoría en Montevideo y Canelones, pero perdió tres de las seis Intendencias que tenía hasta ahora. No es un hecho menor. Lamentablemente, se benefició de la situación en Salto y pudo retener esa administración que debió perder, pues la suma de los partidos de la coalición fue claramente mayoritaria.

Nuestro Partido Colorado ratificó su mayoría en Rivera, con un triunfo del Cr. Richard Sander, que revela la fuerza de un equipo de gobierno que comenzó con el liderazgo de Tabaré Viera, sus dos Intendencias, y siguió con las dos de Marne Osorio. Dirigentes excepcionales, con gran capacidad de administración, superaron incluso elecciones nacionales muy adversas, mostrando en lo local su enorme prestigio. Son un ejemplo.

En el resto del país los resultados del Partido Colorado no fueron todos los deseados. En Montevideo se volvió a la Junta Departamental, ahora con cuatro ediles. En varios departamentos se mantuvo, aproximadamente, el porcentaje de votación de la elección nacional, pero en otros el balotaje anticipado que hizo la ciudadanía, nos redujo. Este último efecto claramente se potenció en aquellos departamentos donde las candidaturas no fueron las de los reales líderes locales sino de sacrificados compañeros que merecen todo nuestro reconocimiento pero que no pudieron alcanzar una mejor representación.

Un caso especial fue Salto. Como dijimos una y otra vez, nuestro partido tenía una sólida chance y no le reclamábamos a la coalición nada especial, sino competir en igualdad de condiciones. No fue así, desgraciadamente, y pasó lo que más temíamos, que el Partido Nacional frustrara nuestra chance y no pudiera superar al Frente Amplio. No era casualidad que el Partido Nacional no hubiera podido alcanzar la banca de diputados en octubre. Ahora se reiteró esa circunstancia. No se trata hoy de expresar resentimientos sino de constatar hechos y entender que cuando se siembran vientos normalmente se cosechan tempestades.

Más allá de estas consideraciones, surgen ya especulaciones sobre las figuras personales de algunos candidatos que ascienden y otros que decaen, pensando en unas elecciones nacionales que están tan lejos que no tienen mayor sentido. Basta ver los alumbramientos y apagones ocurridos en estos pocos meses para entenderlo.

Como reflexión final digamos que, de este último episodio de la zafra electoral, tan anormal por las circunstancias en que ocurrió, no restan como saldo resultancias dramáticas. Sí queda claro que, para la coalición hoy en el gobierno, surge una gran agenda de mecanismos electorales de imprescindible análisis hacia el futuro. Confiamos en que un diálogo lúcido vaya iluminando esos necesarios derroteros. El Partido Colorado y el Partido Nacional participamos de la misma filosofía democrática y de la concepción de economía de mercado. Tenemos, sin embargo, ideas distintas de la institucionalidad republicana, de la laicidad del Estado, del rol del Estado en la vida económica y social, incluso matices diferenciales en la política exterior. Los tiempos imponen reflexión y acción, renovación de estrategias y afirmación de principios dentro de un nuevo mundo. Ojalá podamos, todos, estar a la altura de las circunstancias.

El futuro empieza hoy.

 

La elección del domingo

Por Julio María Sanguinetti (CORREO DE LOS VIERNES)

Votamos nuevamente, esta vez gobiernos departamentales. Como siempre, lo hacemos con la alegría y convicción que nos da nuestra orgullosa condición de colorados y batllistas.

No sentimos, sin embargo, que la coalición multicolor haya hecho lo más inteligente. El éxito de la coalición en el plano nacional, lanzado al debate y sostenido en la opinión pública por nuestro Partido desde mayo de 2018, debió trasladar a todo el país una estrategia análoga .

No ha sido posible, salvo en Montevideo, donde el favoritismo frentista siente el desafío de una candidata válida, inteligente y de carácter, que ha abordado la instancia con decisión. Sin duda hará una gran elección y a ello contribuiremos. Pretendimos que la misma solución, votar todos bajo el lema Partido Independiente u otro neutral, se extendiera a varios departamentos, para asegurar que los partidos de la coalición cubrieran el mapa electoral de todo el país. Desgraciadamente, el Partido Nacional pensó distinto y ahora afrontamos varias elecciones inciertas, que a esta altura podrían ya estar claramente definidas en nuestro favor.

El caso de Salto es el más ejemplar. Desde el primer día dijimos que el partido no pedía nada especial en Rivera y Salto, donde nuestra opción era clara. Simplemente reclamábamos que no se nos jugara en contra. Fue a la inversa. En Salto el Partido Nacional buscó inmediatamente un acuerdo con Cabildo Abierto y el Partido Independiente para enfrentar al Partido Colorado. Ocurrieron luego otros hechos que ya hemos comentado y que, desgraciadamente, desde el gobierno, no estuvieron a la altura de la necesaria solidaridad entre socios. Mientras tanto, una guerrilla publicitaria de encuestas intenta crear una polarización excluyente del Partido Colorado.

Hasta hemos sufrido una agresión alevosa en el atentado contra la edil María de los Ángeles Márquez. La combativa edil colorada venía siendo constantemente amenazada por su actitud de constante enfrentamiento a la Intendencia frentista, como lo percibimos en nuestra visita a su agrupación. Todo culminó con un cascotazo en la nuca, que la dejó sin conocimiento. Felizmente se recupera, pero el hecho es gravísimo.

Mantenemos, pese a todo, intacto nuestro optimismo sobre la chance del Partido en Salto. Lo vimos personalmente en el entusiasmo de nuestra gente la semana pasada y en el formidable acto callejero del domingo. Ha sido conmovedor el esfuerzo de la gente de a pie y eso solo ya es una victoria.

En el resto del país, el Partido Colorado está presente. En Rivera, nuestra vanguardia, todo indica que revalidaremos por quinta vez la Intendencia para el Partido Colorado y para Batllismo, ratificando el liderazgo incuestionable del senador Tabaré Viera y el valor de un gran equipo de gobierno. El hoy diputado Marne Osorio, Intendente hasta hace poco; la actual intendente Alma Gallup y el candidato Richard Sanders, son los titulares de esa eficacia en el gobierno. Richard ha sido pieza clave en la administración y seguramente desde la Intendencia volverá a mostrar sus capacidades.

En el resto del país el Partido está de pie. En todos lados. No se ha dado por perdida la batalla en ninguna parte, aunque en cualquier caso se aspira a posiciones relevantes en las Juntas Departamentales y en las Alcaldías. Lo hemos visto personalmente en Tacuarembó, en Colonia, en San José, en Canelones. Somos conscientes de que hay correligionarios que en algunos departamentos han optado por apoyar un candidato nacionalista en el empeño de derrotar al Frente Amplio. Entendemos su sentimiento, pero no compartimos su decisión política y confiamos en que el lunes estaremos de nuevo todos juntos para seguir contribuyendo a la causa batllista, cada día más vigente.

Nos han faltado medios. Pero ha sobrado esfuerzo y corazón. Cuando hemos enfrentado la soberbia frentista, lo hemos hecho con firmeza pero serenidad. Cuando la pequeñez ha pretendido disminuirnos, hemos apelado a la grandeza de nuestra causa, con la que esperamos este domingo un gran resultado.

El Partido Colorado, una vez más, será decisivo.

 

El desafío existencial

Por Julio María Sanguinetti (Correo de los viernes)

Votada la Ley de Urgente Consideración, que marcó las prioridades del gobierno en varias áreas, vienen ahora, en la agenda nacional, dos instancias fundamentales: la ley de presupuesto y la que quizás sea la más relevante para el equilibrio de la sociedad uruguaya, que es la reforma de la seguridad social. Todas forman un conjunto, de cuya armónica ejecución dependerá el futuro de nuestro país en esta nueva etapa histórica de la humanidad que nos ha tocado en suerte vivir.

Hemos pasado del mundo industrial al digital, de la riqueza material a la inmaterial como marcaje del ritmo de nuestra evolución social. Si no asumimos estos cambios y seguimos pensando que, pasados los rigores de la pandemia, volvemos a la “vieja normalidad”, para hablar en términos a la moda, nos estaremos hundiendo, lentamente, en el proceso de decadencia que ya se venía dando en el país: desde hace quince años con el retraso educativo, desde hace más o menos diez años con la irrupción del narcotráfico y desde hace seis con el estancamiento económico que se produjo, desde 2014, una vez que los precios internacionales de nuestros productos exportables volvieron a la normalidad.

Esto quiere decir que es preciso arremeter, con vigor, las reformas imprescindibles de la educación. No podemos ignorar que se ha instalado para siempre el teletrabajo. Felizmente, el Plan Ceibal ha familiarizado el uso de la computadora y el acceso a Internet, pero los bajísimos resultados de aprendizaje nos están diciendo que esa herramienta no ha logrado ayudar a la reversión de ese declive. Hace falta, cualitativamente, mucho más.

Nos preocupa sobremanera la actitud de las organizaciones gremiales de la educación. Sufren todavía una anacrónica ideologización, preservando el sueño utópico de un mundo socialista que se derrumbó para siempre porque, sencillamente, sus ideas eran equivocadas. No hay sustituto para la democracia liberal ni, mucho menos, para la economía de mercado, porque potencias enormes como China no han modificado sustancialmente su régimen de partido único pero viven hoy lo que Deng llamó “socialismo de mercado”, que es el camino que los llevó a su actual calidad de potencia. Y bien: ¿cómo incorporar a este mundo tecnológico global a una generación si la mayoría de quienes tienen que trasmitir el saber y formar para la vida, para esta vida, en este mundo en cambio, no creen en él?

El tema del orden público es otro gigantesco desafío. Para nuestro país el turismo es hoy una realidad insoslayable, que crecerá en importancia. La inversión, al mismo tiempo, la condición indispensable de todo proceso de reactivación económica. No es compatible imaginar esos desarrollos sin una mejora sustantiva de la seguridad. El Ministerio del Interior, con el valeroso compromiso personal del Ministro Larrañaga, viene luchando denodadamente. Lo está haciendo con el mismo personal y los mismos medios que heredó. Pero mejoraron las leyes y, sobre todo, el apoyo oficial a una acción sacrificada de la Policía. Por supuesto, ya no faltan opositores que proclaman “excesos” de la Policía en una suerte de revanchismo resentido.

En esta materia, el país se debe una reflexión muy seria sobre el tema de las drogas y el narcotráfico. El 90% de los delincuentes son adictos y las clínicas de rehabilitación nos dan abasto con una juventud que muestra cada vez más alarmantes índices de dolencias psíquicas. No hay duda de que en nuestra juventud la marihuana no es considerada una droga, ajena de modo casi absoluto a los daños comprobados en la salud. Tampoco parece discutible que ha bajado la percepción del riesgo, en general, de los consumos generadores de adicciones. Paralelamente, ha ido creciendo una imagen internacional, exagerada y equivocada en muchos aspectos, de que nuestro país es el paraíso de las drogas y , nos guste o no, el tráfico internacional lo tenemos instalado en función de esa atmósfera. Es un tema muy complejo en su conjunto. No acepta soluciones sencillas, pero mucho menos este deslizamiento complaciente que nos ha ido llevando a esta situación.

Si miramos ahora la dimensión económica del desafío, es gigantesco, y pasa por asumir las realidades que tenemos por delante. Se heredó un país con déficit fiscal desmesurado, desocupación elevada, estancamiento productivo y una deuda enorme, que no es ya fuente inmediata de crisis simplemente porque los intereses están bajos. Aquí está la necesidad de mejorar la competitividad internacional, que no es solo un tema de tipo de cambio realista, porque también tenemos rezagos enormes en la productividad, energías caras y una inserción internacional aún defectuosa. Solo enfrentando esa situación podremos recuperar, por lo menos, los niveles de inversión mínimos imprescindibles para crecer (15, 16%, 17%del PBI), lo que pasa por un ingrediente psicológico que es la confianza. El país goza en esta materia de un gran crédito internacional y lo ocurrido en este año nos ha proyectado aún más. Pero el inversor, sea nacional o internacional, tiene que vernos abordar estos temas estructurales imprescindibles, en que destaca, con relieve propio, la reforma de la seguridad social. No tendrá efectos inmediatos, desde ya, no recuperará sus equilibrios rápidamente, pero si no se ve un enfoque serio y realista del tema, no sea encontrará ese estímulo vigoroso para la inversión y el crecimiento consiguiente.

Somos optimistas. El gobierno y nuestro Presidente han mostrado dinámica y decisión. La coalición por la que venimos luchando hace dos largos años muestra la capacidad de ir superando los inevitables obstáculos. Si nos aplicamos a esta tarea de abordar el tren del nuevo tiempo, el país abrirá puertas a ese futuro que ya llegó. Ojalá lo entendiera esta oposición hoy desconcertada que, si aspira a retornar, debiera ser la primera interesada en que este gobierno asuma estas tareas.

Si no es así, más que nunca a redoblar el esfuerzo. Todo empieza en la convicción. No en la afiliación.

 

Presente y futuro, realidad y demagogia

Por Julio María Sanguinetti (Correo de los viernes)

Asumiendo con realismo la difícil realidad, eludiendo los facilismos irresponsables, es que abriremos los caminos de salida -y de esperanza- por los que ya hemos empezado a transitar.

Nuestro país está lleno de ruidos. Muchos de ellos, ecos de un pasado que nos persigue. El recuerdo es inevitable y, en cierto sentido, deseable. Lo malo es que se renuevan pasiones, confunden a los jóvenes y no dejan escuchar la música de este nuevo tiempo que se nos vino encima. Si fue cierto cuando Paul Valéry dijo “el futuro no es lo que era”, allá en la primera mitad del siglo pasado, hoy lo es más que nunca, dada la vertiginosa velocidad de los cambios que se experimentan. Por si faltaba poco, esta pandemia ha postergado el esfuerzo de reequilibrar cuentas y ambientar imprescindibles cambios estructurales, de un modo tal que -según las estimaciones oficiales- si todo va bien, recién dentro de cuatro años estaremos recuperando el PBI de 2019.

Por supuesto, la oposición frentista, que no asume su derrota y vive un clima de alocadas pasiones personales, es parte de esos ruidos. Oírlos reclamar gastos y más gastos cuando dejaron un agujero presupuestal del orden 2.600 millones de dólares, un endeudamiento tres veces mayor del que recibieron, una desocupación en el 10% y una inflación de nuevo golpeando los dos dígitos, es algo surrealisa. Responde a su vieja visión de que dinero es resultado, cuando despilfarraron la mayor bonanza histórica de precios internacionales y entregaron un país en decadencia, porque si la educación y la seguridad ciudadana han fracasado, la sociedad está en crisis. Al mismo tiempo, estos días se abrazan desesperadamente a sus fantasmas y salen a agraviar a los partidos de la coalición multicolor, cuando ha quedado claro, en la perspectiva de una larga década, que su constante propaganda de buscar verdades en el pasado dictatorial era una farsa, tanto que en 2006, como en 2019, encubrieron la denuncia de delitos de los que nos enteramos por la prensa. Todo son insultos, vergonzantes insultos hijos de una mala conciencia.

Ahora el país tiene que salir de esta situación económica y social, que en parte heredó y en parte se agravó por la paralización de la pandemia. Será un esfuerzo tremendo, en un mundo muy difícil. No estamos ante una crisis como 2002, que fue bancaria y regional. Ahora es universal y afecta a toda la sociedad. En aquel momento, se hizo lo que había que hacer en lo económico-financiero y, al año siguiente, se comenzó de nuevo a crecer. Ahora, la situación es harto compleja. La economía brasileña terminará este año con una caída cercana al 6% de su PBI. Argentina, mucho peor, se estima en un 13%. La producción mundial se calcula que está en una caída del orden del 5% y la propia China, nuestro principal socio comercial, apenas mantendrá el equilibrio, lejos de su crecimiento de estos años. O sea que un país que depende de las exportaciones, se encontrará con un mundo en recesión.

¿Es posible recuperar los 50 mil puestos de trabajo que perdimos en este último período de gobierno? Cuantitativamente, es posible, pero cualitativamente ya no será lo mismo. Porque la pandemia nos cambió muchas cosas. Se instaló el teletrabajo, las empresas reajustan sus plantillas y procedimientos a este mundo mucho más difícil. La digitalización de la economía se ha acelerado vertiginosamente. Basta mirar el mundo. Las empresas tecnológicas valen hoy más que nunca. En Argentina la empresa de mayor cotización es Mercado Libre, lejos de sus clásicos rubros de producción. Tiene 10 mil empleados y ya supera los 1.000 entre nosotros.

Nuestro mundo sindical tiene que entender este proceso. No lo niega, por supuesto, porque sus dirigentes son inteligentes, pero luego no asumen cabalmente sus consecuencias y siguen aferrados a los viejos reflejos. Quizás no puedan cambiar una visión flechada por años de adoctrinamiento.

Todo pasará porque aumente la inversión, la extranjera y la nacional. Y para que esto ocurra hay que ganar confianza. En las instituciones la hay. En nuestra capacidad de adaptarnos al mundo no. Por ejemplo, hoy nos encontramos con una pérdida de ética de trabajo sobrecogedora, que afecta fundamentalmente a los trabajadores del Estado, aunque no exclusivamente. Los servidores del Estado tienen una estabilidad que por cierto los distingue de los privados, cuya inseguridad ha sido acuciante este año y lo seguirá siendo por algún tiempo. Los del Estado son 300 mil personas; los otros, un millón y medio aproximadamente. Y bien: ahora resulta que el nivel de certificaciones de salud ha pasado a ser algo tan impresionante que cuesta creer. Quienes, como partido, construimos el Estado Social uruguayo, fundamos y desarrollamos su sistema de empresas públicas, tenemos más que nadie la responsabilidad de defenderlo de esas prácticas perniciosas. El presupuesto propone una igualación de las certificaciones públicas a las privadas; podrá ser esa fórmula u otra parecida, todas más o menos impopulares, por supuesto, a nivel de los funcionarios, pero imprescindible hasta por el respeto al mismo Estado que, por esta vía, se degrada ante la sociedad.

Es increíble escuchar al exministro Astori, en su estilo habitual de “absolutos”, afirmar que es imposible cumplir las metas del gobierno. ¿Él, que las incumplió todas año a año? ¿Él, que prometió “absolutamente” no aumentar impuestos y fue lo primero que hizo? Ahora se ha dicho que no se aumentarían y no se están aumentando, porque hacerlo nos aleja de esa batalla por el empleo que ha pasado a ser prioritaria. Cuanto más impuestos pongamos, cuanto más repartamos dinero improductivo, peor nos irá en materia de empleo y esto es fundamental entenderlo para poder mirar hacia el futuro con esperanza.

Asumiendo la difícil realidad y encarándola, el país se recuperará. Dejándose arrastrar por la demagogia frenteamplista, se estancará en un mundo que -por supuesto- no nos espera. Solo con este clima mental en la población habrá futuro. Con fantasías, solo pobreza y pobreza, más pobreza.

Los ocultamientos del Frente Amplio

Por Julio María Sanguinetti (Correo de los viernes)

Cuando parecía que los temas del pasado se concentraban en el debate sobre el desafuero del Senador Manini, inesperadamente aparecen en el paisaje otras actas de otro Tribunal de Honor en que también hubo confesiones de delitos que no fueron llevadas a la Justicia.

Se vuelve a repetir la historia, con dos gobiernos del Frente Amplio, en que esas confesiones de militares de aberrantes delitos cometidos durante la dictadura, terminan en el silencio de los expedientes.

El episodio que refiere al hoy Senador Manini Rios, entonces Comandante en Jefe del Ejército, a esta altura es bien conocido. O debería ser bien conocido, porque las tergiversaciones y confusiones que se hacen para enredar los hechos, terminan haciéndolos difíciles de comprender para mucha gente.

En ese caso, sin embargo, los hechos son claros. En un Tribunal de Honor el tristemente célebre, Gavazzo reconoce un delito aberrante, los generales miembros del tribunal informan al Comandante en Jefe, diciéndole que al haber algo de apariencia delictiva habría que informar a la Justicia. El Comandante piensa que es una “chicana” interpuesta por Gavazzo para demorar el pronunciamiento del tribunal y ordena seguir con las actuaciones. El expediente marcha al Ministerio, allí se toma en serio esa situación y se la traslada a la Presidencia el propio Ministro Jorge Menéndez -hoy fallecido- asistido en el caso por dos profesionales de la cartera. Toma conocimiento directo el Secretario de la Presidencia Dr. Miguel Toma, se termina aprobando el acta del Tribunal por el Presidente de la República Dr. Vázquez y no pasa nada a la Justicia.

Se puede imputar a Manini una demora, sí. Pero no un ocultamiento intencionalmente delictivo, porque el expediente, con todos esos elementos, subió al Ministerio y de allí a la Presidencia, donde se le aprueba y entierra. Nos enteramos luego de la situación por un periodista, Leonardo Haberkorn. Sin esa revelación, todo dormía el sueño de los justos.

Por eso pensamos que pedir el procesamiento del entonces Comandante en Jefe y no de los verdaderos responsables del real ocultamiento, hace de la solicitud Fiscal un acto de tal modo parcial, que no tiene sustento jurídico ni ético. No hay una evidencia delictiva, aunque haya sí una demora que podría ser cuestionable. El tema es que sin una clara criminalidad no se debe levantar un fuero. Así lo dijimos cuando se pidió por la Justicia el procesamiento del ex Vicepresidente Nin Novoa, caso en que, si bien era real el ocultamiento que había hecho en una declaración patrimonial, no representaba un intento delictivo.

Desgraciadamente, este debate se ha envenenado con todo el resto de la situación y han entrado a jugar razonamientos estrictamente políticos referidos a los polémicos dichos y hechos del Senador Manini como novel líder político de un partido. Por ejemplo, éste dice y repite que no tiene nada que ocultar y que votará su desafuero para que lo juzguen. Ello hace pensar a algunos legisladores que esto es determinante y, como hemos dicho desde siempre, no tiene ningún valor, porque el fuero es del Senado y no del Senador, es una garantía para el ejercicio parlamentario independiente y no un privilegio personal del legislador, que él pueda administrar conforme a su voluntad. Del mismo modo, sus declaraciones, en ocasiones muy polémicas, llevan el debate a juzgar políticamente a Manini, cuando eso no tiene nada que ver. Aquí no se trata de si es bueno o es malo, si es de derecha o no es derecha, si simpatizamos con él o a la inversa. Se trata de que es un legislador, votado por 260 mil ciudadanos, cuando ya el tema estaba planteado públicamente, y al que, para quitarle los fueros, tendrían que mediar claras situaciones delictivas que no aparecen.

Como si esto fuera poco, se hace público otro Tribunal de Honor en que otro militar, vinculado a los peores actos represivos de la dictadura, Gilberto Vázquez, reconoce por expreso crímenes horrendos y tampoco se trasladó la situación a la Justicia. Todo quedó oculto, en este caso desde 2006, o sea que el expediente dormía el sueño de los justos. Y nos encontramos entonces con otro ocultamiento del mismo gobierno frentista y el mismo Presidente.

Se ha pretendido afirmar que las autoridades no conocían la situación, porque la magnitud de las actas hacía imposible leerlas en totalidad y se aprobaron sin un cabal examen. Podría haber ocurrido, pero da la casualidad de que el Ministerio de Defensa había producido un informe jurídico bien claro, que comenzaba denunciando la situación. Y todo se destinó al olvido.

O sea que se dan dos claros ocultamientos de quienes pretenden ser campeones de los derechos humanos y, ante la evidencia, recurren ahora al insulto como arma. “O votamos el desafuero o somos cómplices”, según ellos; cuando ellos -a su vez- no son cómplices sino responsables directos de los episodios de ocultamiento a la Justicia. Por más gritos y agravios que profieran, la verdad es esa y aunque el ruido ambiente no lleva a juzgar la situación con serenidad, las cosas van quedando claras.

 

La INDDHH contra la República

Por Julio María Sanguinetti (Correo de los viernes)

La Institución Nacional de Derechos Humanos acaba de emitir una larga resolución que le recomienda al Codicen que derogue la prohibición que dispuso del uso de cartelería y expresiones proselitistas en el ámbito de los institutos de educación. La cuestión no es menor porque se socavan los fundamentos republicanos del país.

En una peligrosa deriva ideológica, que va degradando su función al introducirse constantemente en el ejercicio de las funciones legítimas de las instituciones del Estado, sean parlamentarias o administrativas, la Institución suma ahora un peligroso capítulo: pretende hacer doctrina de la posibilidad de que en los establecimientos de enseñanza se realicen actos proselitistas, expresamente prohibidos por nuestra Constitución en su clásico árticulo 58°:

Los funcionarios están al servicio de la Nación y no de una fracción política. En los lugares y las horas de trabajo, queda prohibida toda actividad ajena a la función, reputándose ilícita la dirigida a fines de proselitismo de cualquier especie.

No podrán constituirse agrupaciones con fines proselitistas utilizándose las denominaciones de reparticiones públicas o invocándose el vínculo que la función determine entre sus integrantes”.

Invocando esta norma constitucional y las legales coincidentes, el año pasado la Justicia resolvió ordenar al Codicen el retiro de carteles que, en la fachada de varios liceos, promovían el rechazo a una iniciativa de plebiscito constitucional promovida por miles de ciudadanos. El juez actuante consideró, con lógica, que de ese modo parecía oficializarse una posición de las autoridades que no era cierta y que eso violentaba la libre conciencia de alumnos, de profesores y aun de simples transeúntes que observaran esa acción propagandística. El Codicen, de mayoría frentista, se agravió pero no tuvo otro camino que acatar.

También en el curso de la campaña electoral, 25 Inspectores de Secundaria, invocando su condición de constituir “el cuerpo técnico nacional de mayor jerarquía de nuestra institución”, firmaron una proclama recomendando el voto por Daniel Martínez, que sustentaban en largas consideraciones. En el caso, tratándose de profesores, el Estatuto del Funcionario Docente establece la “preceptiva causal de destitución” para quienes violaran la norma que les impone “abstenerse de hacer proselitismo de cualquier especie en el ejercicio de sus funciones o en ocasión de las mismas, ni permitir que los bienes o el nombre del Ente sean usados con tales fines”. Como la violación era flagrante y la destitución de precepto, el mismo Codicen frentista realizó un sumario y, pocos días antes de irse, les impuso “tres días” de suspensión para intentar , farsescamente, el cierre del asunto.

Estos antecedentes valen para demostrar que el episodio que ahora desencadenó la resolución de la autoridad educativa, no es un hecho aislado sino parte de una constante acción proselitista, claramente alineada desde punto de vista político con las orientaciones del Frente Amplio. Es una reiteración contumaz, expresada ahora por el inesperado vehículo de un tapabocas con una leyenda contra la Ley de Urgente Consideración.

Sin entrar a analizar el caso específico, la Institución Nacional de Derechos Humanos (INDDHH) intenta establecer una doctrina general en función de la cual la libertad de expresión del pensamiento ampara cualquier opinión, prédica o publicidad de una posición política en cualquier lugar, incluso los ámbitos públicos. O sea que estamos ante un intento de inusual gravedad, que frontalmente choca con el artículo 58° de la Constitución que transcribimos y pretende directamente desconocerlo.

La libertad de expresión del pensamiento, garantizada por la Constitución para ser ejercida en los ámbitos públicos, nada tiene que ver con los deberes de una institución pública de enseñanza, obligada a respetar el principio de laicidad irrestrictamente. Los ciudadanos o gremialistas pueden opinar lo que quieran en el ámbito amplísimo de las libertades públicas, pero de ningún modo invadir los espacios del Estado en general y, mucho menos, los de la educación, para promover acciones proselitistas. Hacerlo es violar inequívocamente la norma del art. 71° que impone que “en todas las instituciones docentes se atenderá especialmente la formación del carácter moral y cívico de los alumnos”. O sea, lo que en términos generales la Constitución asegura (art. 54°), para todo aquel que esté subordinado, la garantía de “la independencia de su conciencia moral y cívica”. Por lo mismo, el artículo 17° de la Ley de Educación Nº 18.437 dice que “se garantizará la pluralidad de opiniones y la confrontación racional de saberes y creencias”.

¿No se advierte que liceos con carteles o profesores con banderías proclamadas son el medio más perverso de impedir la pluralidad de opiniones y el respeto a los educandos? ¿No se asume que esos comportamientos significan desconocer realmente toda posibilidad de “confrontación racional” de opiniones?

El profesor tiene, naturalmente, un ejercicio de autoridad necesario, que establece una relación de superioridad sobre los alumnos que le impone, por lo mismo, un deber absoluto de neutralidad. ¿Vamos a formar el sentimiento republicano con profesores con tapabocas o vinchas partidarias?

Más allá de la Constitución y las leyes, hay un enfoque de ética política que condena de modo drástico ese abuso de profesores y dirigentes sindicales, pretendiendo influir y adoctrinar. Tanto lo han hecho durante años, tan impunes se sentían como que los Inspectores -nada menos que los Inspectores- se creían autorizados a emitir proclamas reclamando el voto.

La reacción de las autoridades docentes felizmente se ha hecho sentir, pero es gravísimo lo que ocurre con la INDDHH. ¿Qué es lo que quieren? ¿Que unos pongan carteles de un lado y otros del otro y haya una guerra para ver si gana el cartel que diga “no al recorte neoliberal” o el que diga “fuera el chavismo de los liceos”?

El tema no es anecdótico. Es de fondo. La laicidad es indivisible. Y así como los batllistas somos celosos de la neutralidad religiosa, también lo somos de la política y filosófica. Esa es la República. Nuestra República. Y la vamos a defender, como lo hemos hecho toda la vida.

 

Sí, es la herencia (2)

Por Julio María Sanguinetti (Correo de los viernes)

La ineficiencia del gasto público forma parte de la pesada herencia que el Frente Amplio le dejó a la coalición multicolor. Y donde ello se torna más evidente es en la Educación, donde la ineficiencia deviene en una pavorosa injusticia social.

Abierto el debate sobre el presupuesto del quinquenio que comienza, el nuevo gobierno tiene que remontar una economía que venía estancada, con enormes déficits, caída de empleo y una deuda pública pesadísima, a la cual se le ha agregado el efecto de la pandemia: menos recaudación y más gasto. En materia de educación, el impacto es parecido. La herencia marca los peores resultados en décadas, una educación con bajísimos aprendizajes y pruebas de evaluación muy negativas, pese a que en los años del Frente Amplio se invirtió más dinero. Una vez más, la ineficiencia del gasto, que reconoció Astori en abril del año pasado, se hizo evidente en este ámbito, con más recursos y peores resultados. Por supuesto, todo esto ahora se agrava con la pandemia, porque la paralización ha generado un inevitable daño pedagógico y un desafío económico multiplicado.

El único dato que, según se mire, no empeora en la perspectiva del quinquenio, por lo menos financieramente, es la demanda de educación, porque se estima que las tendencias demográficas actuales aseguran que caerá en 47 mil el número de los educandos. 20 mil en inicial y 12 mil en primaria, nos hablan de una natalidad bajísima del país. Este tema da para otra reflexión, porque en la otra punta de las generaciones, nos encontramos con que todos los años mueren 24 mil personas de más de 65 años y se jubilan 35 mil, lo que desafía a los sistemas de seguridad social de modo contundente. Pensemos que cuando se hizo nuestra reforma en 1996, la expectativa de vida al nacer era de 73,9 años y hoy está en 78 años y para quienes lleguen a los 60 años, la edad de jubilación, nada menos que 85. Dicho de otro modo, nacemos menos y vivimos más años. Como no somos pesimistas, podemos decir también que los vivimos mejor, porque ese aumento de expectativa de vida revela progresos en la alimentación, la medicina y las condiciones de vida, más allá de las conocidas inequidades y sectores desprotegidos que la pandemia ha puesto en rotunda evidencia (para vergüenza de un Frente Amplio que ha despilfarrado la bonanza de la década iniciada en 2004, sin mejorar a los más necesitados).

Retornando a la educación, nos encontramos con pésimos resultados, que las evaluaciones disponibles nos han mostrado. Las últimas pruebas PISA , que llevan ya siete ediciones y evalúan a los alumnos de 15 años en 71 países, nos dicen que apenas nos hemos mantenido en matemáticas y hemos bajado los puntajes en lectura y ciencias. Como comenta Renato Opertti, países de poblaciones también reducidas, como Estonia, muestran avances extraordinarios, con presupuestos 30% menores que el promedio de los países de OCDE.

Si vamos a la equidad, los resultados son terribles. En lectura tenemos 427 puntos, cuando en la medición anterior eran 437. Pero ese promedio esconde que, en el quintil de estudiantes de sectores más desfavorecidos, el puntaje es 339, mientras que, a la inversa, los del sector más acomodado están en 490, o sea más o menos el porcentaje de los países europeos. Luego de 15 años de gobierno frenteamplista, cantando himnos a la solidaridad y a la equidad y poniendo más dinero, nos encontramos con una injusticia social cruda. La ineficiencia del sistema es rotunda.

Si miramos por su lado las pruebas Aristas, que hace el Instituto Nacional de Evaluación Educativa entre alumnos de 3er. año de educación media y que el gobierno trató de ocultar todo lo posible antes de las elecciones, los resultados son penosos. La evaluación se hizo en matemática y lectura y de allí surgió que la UTU es peor que los liceos públicos y que éstos arrojan resultados por debajo de los privados. El 80% de los alumnos de UTU no puede hacer un promedio, como tampoco lo logra el 66% de los liceos públicos y el 31% de los privados.

Para completar el panorama desolador vuelve a comprobar el Monitor Educativo, presentado esta semana, que el segundo ciclo solo lo terminó el 34% de los estudiantes de 18 a 20 años. En los estudiantes de 18, específicamente, solo el 25% culminó sus estudios en el sistema educativo. Y el Ciclo Básico, solo el 64% de los de 15 a 17 años, o sea que un tercio de esa generación ni siquiera llegó a ese nivel.

Podríamos seguir amontonando cifras, pero todas son coincidentes. El sistema educativo uruguayo ha retrocedido en estos 15 años del Frente Amplio, que se dedicó, con prolijidad de guillotina jacobina, a destruir todo lo posible aquello que venía de aquel tiempo fermental y creativo que abrimos en 1995, con el Codicen que presidió Rama (y del que Robert Silva fue Secretario General). Se cambió el programa de la enseñanza media para volver a lo antiguo, se desdibujaron los CERP, se cambiaron programas sin evaluar antes los resultados y se montó una gran máquina de adoctrinamiento. Los jóvenes han oído machaconamente que los tupamaros luchaban contra la dictadura, cuando notoriamente no es así, y que Pacheco inició la dictadura cuando terminó su mandato ganando democráticamente las elecciones (a las que, por otra parte, se presentó el entonces flamante Frente Amplio). Estas son apenas anécdotas de un clima educativo en que todo confluye, desde la geografía a la historia nacional, a mostrar las inequidades del ominoso sistema capitalista del mundo y las desgracias que trajeron a este país los colorados y los blancos. Se salva Don Pepe Batlle, a quien tratan de usurpar. En esta labor se suman núcleos representativos de profesores y algunas entidades gremiales cuyo nivel de dogmatismo asombra. Tanta es la sensación de impunidad para el flechamiento ideológico que, en la última campaña electoral, 25 Inspectores de Educación Secundaria, de la mayor jerarquía e invocando esa condición, hicieron un llamado público para votar a Martínez, cayendo en una ilegalidad castigada con la destitución.

El desafío es ahora intentar la reversión de este proceso de decadencia, iniciado cuando la economía mostraba índices de crecimiento formidables que impulsaban los precios internacionales de las materias primas. Los lineamientos ya anunciados por el Codicen que preside el Dr. Robert Silva van en la línea adecuada para modernizar esas estructuras y permiten pensar que, a cinco años de plazo, mejorará la situación y sobre todo el rumbo general.

No dudamos que la mayoría de los docentes sentirá en su fuero íntimo el llamado de conciencia para servir a la niñez y juventud del país del mejor modo. El problema está en esos sectores organizados corporativamente que actúan, desde afuera y desde adentro del sistema, para mantenerlo siempre al borde del conflicto en medio de consignas agraviantes pero que mil y una vez repetidas terminan haciéndose creíbles para mucha gente. Es la misma gente que en 1995, cuando lanzábamos aquella reforma de impulso a la enseñanza pública, hablaban de que estábamos “privatizando” por un “impulso neoliberal”. La misma estupidez que ahora.

Siempre hay que pensar que la razón predominará y que se podrán hacer los cambios de un modo razonable. El mayor obstáculo sin duda serán esas mentalidades ancladas en la “utopía regresiva” de un sueño cubano-venezolano que se les desvaneció en la realidad, pero que aún les alimenta una vagarosa ilusión. Pese a todo, la claridad del propósito, si la sostenemos en una paciente firmeza de la administración, podemos mirar hacia el futuro.

Hay esperanzas.

 

Sí, es la herencia

Por Julio María Sanguinetti (Correo de los viernes)

Llegó la hora del Presupuesto en los tiempos de la pandemia. El país tiene que definir los grandes rumbos del Estado y los medios para solventarlos. Como decía nuestro viejo amigo Don Juan Pivel Devoto, “el mejor presupuesto es el que se puede pagar”. Y para llegar a lo que los economistas llaman “sustentabilidad” hacia el futuro, no podemos desconocer las cuentas que se reciben en el presente.

No se pude ignorar tampoco que transitaremos una situación mucho peor que la posterior a la crisis de 2002. Aquella fue una crisis bancaria, que impactó en la economía general, pero era solo rioplatense; y después de que heroicamente se salvara al país del default, el mercado internacional estaba normal, de modo que la exportación nos dio la respuesta (por eso el Frente Amplio encontró un país que crecía a más del 4%). Hoy la crisis es global. A partir de un fenómeno pandémico, el impacto no solo es mundial sino que afecta a toda la sociedad en su conjunto, hasta planteando un desafío estructural en el empleo, hoy más digitalizado que nunca. O sea que nuestra exportación se encuentra con una actividad económica que caerá este año a más del 5% en el mundo, la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial y la primera vez desde 1870 en que disminuye el producto per capita de todos los países. Estamos también ante la primera contracción del producto en las economías emergentes, en las que China ha sido la vanguardia del crecimiento en los últimos treinta años.

En ese contexto, quienes administraron el país en estos últimos años, nos proponen aumentar más el déficit que ya tenemos, con la misma liviandad con que en el 2002 pedían que el país se declarara en quiebra. Y bien: el déficit que dejaron es del 5% del PBI y porque este gobierno tuvo que enfrentar la pandemia, y lo hizo con responsabilidad social, este año estaremos, según señala la señora Ministro de Economía, en un 6,5%. Todos somos conscientes de que esto ha sido excepcional pero también debemos saber que no podemos seguir ilimitadamente desfinanciando al Estado, porque al final lo pagarán quienes más necesitan de él.

Esto nos lleva a preguntarnos cómo es que se llegó a ese desbalance del orden de 2.600 millones de dólares, luego de que entre 2004 y 2014 se viviera la mayor bonanza de precios internacionales que se recuerda en un siglo. Y la respuesta es simple: porque se derrochó, porque se gastó a tontas y a a locas, porque entre el Gas Sayago, y Aratirí y el agujero de Ancap, entre tantas otras cosas, tiramos por la boda esos ingresos extraordinarios. No lo decimos nosotros. Lo reconoció el Ministro Astori el 23 de abril del año pasado, cuando dijo“No hemos sabido manejar la calidad del gasto público lo cual en un país que tiene un desequilibrio fiscal importante es una falta que tenemos que corregir. No hemos avanzado suficientemente y el pueblo lo reclama con justicia, en materia de seguridad pública y educación. Los temas de vivienda son fundamentales, porque alli hay todavía, y lo vemos todos los días quienes vivimos en este país, deficiencias fundamentales que hay que superar”.

Ese déficit que hoy nos hipoteca se configuró, paso a paso, por exceso de gasto. No es una consecuencia de la situación regional, como ahora tratan de explicar los voceros frentistas. Tampoco es la caída de la recaudación, porque salvo un año, 2015, en todos los demás creció. Lo que ocurre es que el gasto la superaba ampliamente. Y ese aumento no estaba en educación o vivienda, en reales objetivos sociales, sino en general.

El único gasto de naturaleza social fue el de la ley de jubilaciones de 2008, que se basó en cálculos errados y llevó a una llamada “flexibilización” que solamente ambientó las falsas declaraciones, las jubilaciones sin sustento y las certificaciones masivas que llevaron a aumentar las transferencias hacia el BPS en un orden del 84% en términos reales. Fue gasto social, sí, pero profundamente injusto. Como lo fue también buena parte del reparto al boleo del MIDES, en esa nube de onegés que le han rodeado.

Todo este despilfarro de la bonanza llevó al atraso cambiario (calculado entre 27% y 36%) y al estancamiento de la producción. En estos cinco años la economía se estancó. Y si le quitamos al cálculo las telecomunicaciones (que fueron solo aumento del tráfico) y los productos del papel, hay una caída promedial del 0,2%. Hasta la construcción cayó un 3,1% anual durante el período.

Así fue como se triplicó la deuda pública. En plena bonanza internacional, el Frente Amplio llevó la deuda de 11 mil millones de dólares a 37 mil. Esto equivale a un pago de intereses de 1.500 millones, o sea, más o menos un 10% del presupuesto general. Cuando había medios para alivianar la carga de intereses, se la triplicó. Hoy tenemos que apelar al endeudamiento para reencauzar la actividad económica, con los límites impuestos por esa realidad.

No es extraño, entonces, que se destruyeran 54.730 empleos. Como ocurrió también con las horas trabajadas, que cayeron de un nivel de 39 horas promedio en 2014 a 37 semanales en 2019. Y esto golpeó especialmente a los jóvenes, cuya tasa de empleo cayó de un 39% a 31,1%.

Detrás de esta pesada herencia, el gran telón de fondo es la caída en la inversión: 26% en el periodo. Y este es el gran desafío hoy. Para hacer sustentable el Presupuesto que se está empezando a considerar, para que se pueda reactivar la economía y mejorar el empleo, debemos revertir esa situación y eso solo ocurrirá si generamos confianza. Y solo habrá más confianza si quienes invierten, uruguayos o extranjeros, observan a un gobierno enfrentando la realidad con seriedad y no haciendo malabarismos irresponsables.

¿Se podrá generar confianza llevando el déficit a un 10%? ¿Se logrará sin atender el déficit de la seguridad social? ¿Sin mejorar la productividad? ¿Cuánto nos puede costar, en términos de confianza, que podamos perder el grado inversor por un gasto irresponsable? Hasta hemos oído el delirio de que habría que emplear las reservas del Banco Central, ignorando el porcentaje de encajes que son de los bancos y olvidando que el aumento imprescindible del crédito y la confianza en los bonos del Estado, se sustenta justamente en mantener esa posición.

El país tiene un amplio horizonte. El gobierno ha ganado credibilidad interna y externa. Ella es el sustento de las necesarias acciones que deben tomarse para esa recuperación de confianza. Si hacemos lo contrario y malgastamos ese crédito respondiendo a reclamos de momento, hipotecaremos un futuro de crecimiento que a mediano plazo es más que posible.

El griterío de quienes nos llevaron a esta situación suena a hueco. Es la hora de la responsabilidad. De hacer lo que hay que hacer.